Desafiando roles y fronteras: mujeres cuidadoras hondureñas en el contexto migratorio

En las familias transnacionales de Honduras, las mujeres cuidadoras desafían los roles tradicionalmente asignados por la sociedad en términos de género, modelos familiares y relaciones. La organización de estos cuidados, que pasan a jugar un papel incluso más central en la familia, el reparto de responsabilidades y los afectos relacionados con los mismos y su gestión, acaban conformando la experiencia de quienes se quedan en casa cuidando mientras otros familiares emigran.

Esta nueva manera de entender la familia transnacional y la educación de los menores que se quedan en el país de origen ante la partida de uno o ambos progenitores, no se encuentra con pocas limitaciones, al tener que lidiar de forma constante con la asunción social, aún extendida, que considera indispensable la presencial corporal del progenitor/a.

En un trabajo presentado recientemente en el I Congreso Internacional de Investigación para la Paz, la investigadora Nerea Larrinaga ofrece algunos avances sobre las experiencias de las cuidadoras en el contexto de la migración transnacional.

La adaptación y resiliencia de las mujeres cuidadoras que se quedan atrás

Los datos del estudio revelan que los cuidadores, en su mayoría mujeres, que enfrentan la ausencia física de familiares debido a la migración, no solo se adaptan a esta realidad transnacional, sino que son capaces de asumir múltiples roles y compromisos, actuando como pilares esenciales en sus hogares.

Esta adaptabilidad se refleja en nuevas formas de comunicarse, relacionarse y educar a los menores que quedan en casa, evidenciando una resiliencia excepcional.

Los cuidados son clave en la cohesión de la familia transnacional, aunque tienen un alto coste

A pesar de que la literatura tiende a problematizar la situación familiar transnacional, las mujeres cuidadoras emergen como mediadoras comprometidas en preservar la cohesión e intimidad familiar, tanto para quienes se quedan en Honduras como para aquellos que emigran.

Sin embargo, este desafío no viene sin costes. Las mujeres cuidadoras sienten una carga excesiva, no solo debido a la lucha constante por equilibrar sus múltiples roles y responsabilidades, sino también por los sentimientos de culpa y juicio que experimentan al sentir que el resto de la comunidad cuestiona su manera de vivir, en un contexto además donde existe una falta de apoyo institucional.

Una investigación académica que conecta con la realidad social

Este trabajo forma parte de la tesis doctoral que está elaborando Nerea Larrinaga bajo la dirección de los investigadores de la Universidad Loyola, Marco Gemignani y Yolanda Hernández. Con este estudio se busca comprender en mayor profundidad las vivencias de las mujeres cuidadoras para ahondar en una visión de la migración que no conlleva una ruptura con el país de origen, sino una continuación, prolongación y mantenimiento de las relaciones en la distancia física.

El estudio se enmarca a su vez en el proyecto “Mejora de la atención psicosocial a niños y niñas con padres emigrados y sus cuidadores/as desde una perspectiva de género en el occidente de Honduras”, implementado por la Universidad Loyola y su Instituto de Desarrollo, la Fundación ETEA, con fondos de la cooperación andaluza (AACID).

A partir de entrevistas y grupos focales a mujeres cuidadoras en el distrito de Copán (Occidente de Honduras) y el posterior análisis temático reflexivo de los resultados, la investigación cualitativa llevada a cabo por este equipo investigador ha profundizado en las vivencias de estas mujeres identificando la importancia de los roles de género, la responsabilidad social, la comunicación en la familia, los afectos y el apoyo institucional.