Por qué fracasan los proyectos de desarrollo y cómo evitarlo

El profesor Joao Guimaraes durante la presentación.

 

El campus de Córdoba de la Universidad Loyola Andalucía ha acogido un diálogo con Joao Guimaraes, profesor del Instituto de Estudios Sociales de la Haya y consultor internacional en el ámbito del desarrollo. Durante su presentación, Guimaraes ha explicado las conclusiones que ha ido extrayendo del estudio que está llevando a cabo sobre el fracaso de los proyectos, especialmente proyectos de desarrollo.

Apoyándose en autores como Albert O. Hirschman y su teoría de “la mano que oculta”, que define cómo el desconocimiento de los futuros problemas que puede acarrear un proyecto hace que resulten exitosos porque se aportan soluciones creativas no previstas, o como Dietrich Dörner, “The Logic of Failure”, Guimaraes estableció los antecedentes de este tema y los elementos que componen ese contexto que obstaculizan que los proyectos de cooperación salgan adelante con mayor éxito. Desde su punto de vista, el desafío está en conectar el análisis empírico con la teoría.

Incertidumbre, complejidad y lucha de actores

El hecho de que un gran número de proyectos sigan fracasando, a pesar de todo el esfuerzo por entender y evitar tal fracaso, levanta cuestiones importantes, tanto desde el punto de vista conceptual como del punto de vista práctico.  La incertidumbre, la complejidad del contexto, el conocimiento limitado del sistema y las propias trabas internas del proyecto son algunos de los factores que se interponen entre el dominio de las buenas prácticas y el éxito.

Además, el profesor Guimaraes añadió otro elemento clave para comprender por qué puede fracasar un proyecto de cooperación: entender el proyecto como un juego de estrategias a través de las que todos los implicados quieren sacar provecho. Y es que, se ha podido apreciar que dentro de las entidades que pueden llegar a participar en un proyecto de cooperación, hay múltiples actores, todos ellos independientes y que juegan su juego, por lo que su control es muy difícil. Esto, unido al flujo constante de recursos, aumenta las oportunidades de beneficio, ya sea político o económico. “El proyecto es una arena de lucha en la que compiten diferentes actores, lo que se añade a la incertidumbre y la complejidad”, apunta Guimaraes.

No obstante, el estudio que se está llevando a cabo ha podido analizar las acciones que se han realizado en algunos proyectos bastante exitosos con el fin de entender qué mecanismos hay que implementar para reducir las posibilidades de fracaso. Los proyectos cortos en duración y que crean incentivos pueden llevar a la consecución de los objetivos que se pretenden alcanzar. Según Guimaraes: “Solo hay desarrollo cuando hay cambios en el comportamiento de las personas. Si cada una de las personas que interviene en el proyecto no cumple ciertas cosas, nada cambia, aunque el proyecto esté muy bien gestionado.”